Nota Editorial
Oportunidades en tiempos de crisis
La crisis que atraviesa el sistema financiero a nivel internacional empieza a brindar sus primeras lecciones, especialmente una simple: la historia se repite. Así, es necesario que, a medida que se propongan soluciones a la actual coyuntura, los actores del sistema financiero comprendan sus orígenes, incorporen sus lecciones y mantengan el pulso firme para continuar fortaleciendo y profundizando el sistema financiero.
El origen y desarrollo de la actual crisis están ampliamente tratados en este número, quedando claro que la soberanía del mercado merece ser revisada en función de los elementos esenciales para su existencia: un alto grado de transparencia, mecanismos efectivos de regulación y seguimiento, un sistema de protección del consumidor eficiente, y medios de resolución de conflictos formales y claros. Igualmente, es
necesario cuestionarse qué desató la cadena de eventos que dieron lugar a una de las crisis financieras que, por sus efectos colaterales, con el tiempo se reconocerá como una de las más profundas en la historia reciente.
Una respuesta a la pregunta anterior se concentraría en la insuficiente actuación del Estado como regulador y contralor del mercado en un momento en que el sector privado, en búsqueda de resultados atractivos en el corto plazo, no prestó atención a los riesgos que estaba asumiendo. Asimismo, se puede atribuir a lo inadecuado del sistema de incentivos establecido y a la debilidad de los mecanismos de apoyo para la toma de decisiones sobre productos complejos. La bonanza concluyó repentinamente para
ambas partes y, nuevamente, ante las pérdidas del sector privado, las consecuencias de éstas para el sistema financiero y los efectos sobre la economía y el bienestar de los ciudadanos, nuevamente fue el Estado el llamado a buscar soluciones a los problemas suscitados.
En este contexto, es necesario evaluar si la región esta preparada para enfrentar los retos y asumir los costos que derivarán de esta crisis. Evidentemente, la dependencia de varios países de la región del ciclo económico de Estados Unidos, inevitablemente afectará sus economías; por ello, debe velarse porque el Estado tome acciones que impulsen la economía y que contribuyan a la estabilidad financiera y al buen
funcionamiento del sistema de pagos.
Tres temas surgen en el horizonte. Primero, el rol del Estado en relación a la intermediación financiera; segundo, la capacidad de los operadores financieros para mantener adecuados niveles de liquidez y suficiencia de capital, como resultado de una mejor comprensión de su entorno y de una efectiva administración de riesgos y, tercero, la coordinación entre entidades públicas y privadas para establecer un marco de operaciones del sistema financiero más seguro y predecible.
La capacidad de regular y supervisar del Estado debe evaluarse, porque es evidente que no pudo actuar oportunamente cuando los mercados ingresaron en procesos que causaron los actuales desequilibrios. Así, será esencial promover el cambio institucional, regulatorio y normativo, que impulse que los mercados operen transparentemente y cuenten con operadores que conozcan y asuman la responsabilidad plena de los riesgos que asuman.
En efecto, la administración de riesgos y el mantener niveles adecuados de liquidez, con el fin de no causar incertidumbre respecto a la solvencia de los operadores financieros, son elementos clave para asegurar la operación continua y estable de los mercados financieros. Por ello, es necesario velar porque la industria financiera, los reguladores y supervisores, en un esfuerzo conjunto, se aseguren que los servicios y productos ofrecidos en el mercado tengan claramente identificadas y delimitadas sus fuentes de riesgo y cuenten con una cobertura de capital suficiente para absorber potenciales pérdidas no esperadas.
Asimismo, los intermediarios financieros deben ser cautos en el proceso de evaluación de los productos y servicios financieros, adoptando un esquema de decisión, donde rechacen aquellas operaciones o servicios que les generen duda o donde los riesgos no puedan evaluarse con claridad, ya sea por ausencia de información o por la complejidad de las propuestas. Finalmente, ante la evidente necesidad de revisión de las normas vigentes, para fortalecer la capacidad de regulación y supervisión del Estado y para aumentar la capacidad de gerencia del mercado, será necesario continuar fortaleciendo los medios de diálogo entre entidades públicas y entre éstas y el sector privado, en búsqueda de establecer un marco de operaciones donde la transparencia, el profesionalismo y el establecimiento de una relación sinérgica con el consumidor sean el centro de la discusión.
Como todo tiempo de dificultades, éste es un tiempo de aprendizaje y mejora. Es una oportunidad más para establecer una adecuada infraestructura legal, normativa y regulatoria que acompañe con cautela la permanente innovación del mercado financiero. También es una oportunidad para que el sector privado fortalezca sus capacidades y revalúe sus prácticas con una visión de mediano y largo plazo en la que el consumidor este por encima de cualquier otra consideración.
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